Ahora tengo un rato para mí. Tengo
demasiadas cosas para decir. Mi vida es un enriedo pero mi camino es
la alegría y trato de disfrutar aunque no entienda nada.
La verdad que en el último año logré
elaborar interpretaciones, que no necesariamente las explican, a
varios de los obstáculos que se me han interpuesto para vivir como
me merezco, feliz, igual que el resto de los seres vivos.
Considero a la felicidad una sensación
innata, natural e involuntaria, un reflejo incondicionado, que se
activa y se mantiene por el acto incontrolable de la respiración.
Como si fuera el efecto psicotrópico
del oxígeno.
De las condiciones que lo inhiben
prefiero no preocuparme por el momento. Son muchas y nos tienen
trancados, y es tan complejo, y lleva tanto tiempo aflojar esa
contractura, que en este caso es mejor seguir de largo. Vamos a lo
que vinimos, si es que vinimos a algo.
Anduve haciendo memoria. Tendría que
recopilar bastante para poder relatar los episodios con claridad y
si, en orden cronológico. Pero eso en este estado mental y físico,
y con el poco tiempo que estoy teniendo para mí, se complica.
Por ahora necesito relatar episodios
que me vienen a la mente. No se sabe a cuál de los blogs pertenece,
creo que a los cuentos de locos, pero como se mezclan tantas cosas
capáz tengo que linkear entre uno otro y hacerlos pasear por el
texto.
Lo gracioso de hacerlos es que me
consta que esto no lee nadie.
El enriedo de las redes, la ilusión de
lo viral, tiende a hacerte sentir que lo que hacés no vale nada.
Pero este mi blog de locura y se van a bañar, si tienen agua...
Vale lo mío porque valgo yo. Soy un
animal humano y tengo derechos. Derecho al agua! Derecho a un montón
de cosas, y sobre todo libertad de expresión. Por si fuera poco esta
animala humana, esta sapiens sapiens, está diagnosticada como pireta
desde quién sabe cuando y no le queda claro con qué diagnóstico.
Lo que sí queda claro, pero clarísimo, que se administraron
tratamientos de prepo, incluso medicamentos que le habían recetado a
otro paciente y me tuvieron 15 días llorisqueando, y que no recibo
ninguna pensión por enfermedad. Ahora me duele la mano.
No puedo doblar o estirar uno de los
dedos, se me tranca y me duele horrible, la contractura esa, que
después de mucho tiempo ir al médico y no me dieron ni pase para
fisio, está en la unión del homóplato con el músculo de abajo,
porque hace fuerza continuamente para que no me roce la espondilosis
que es como un cuernito que me sale de la quinta lumbar, y dobla de
dolor, lo que me desacomoda toda la columna. Esto de que me duele ahí
arriba me pasa siempre que, de prepo, me meten antisicóticos.
No voy a entrar en el tema.
Dije que me venía acordando de cosas
pasadas tiempasos atrás, en la prehistoria. Muchas cosas y no creo
que las escriba todas hoy. También que quiero tratar de preservar el
orden cronóligico. Pero ya es demasiado tarde.
Yo era niña. Por lo que pude recordar
tenía seis. Papá vivía. Por lo que pude entender ya le habían
diagnosticado 3 años de vida hacía uno. Estaría re angustiado.
No quería que fuese al campamento de
verano porque decía que era muy chica, lo mismo que decían las
adolescentes responsables del movimiento en cuestión, que era el más
vecino de casa y me dejó varios traumas, porque es de tendencia
derechista, y eso no se corresponde con mi estructura de pensamiento.
No me acuerdo si al final fuí o no. Me acuerdo que me encerré en el
baño a llorar. Me abrazaba de la toalla, porque la vieja, argentina,
mi hermano era chico, y no había quién me contuviera. Le grité
brujo. Eso es lo que yo me acuerdo. Brujo para mí era sinonímo de
malo. Habíamos visto una obra de teatro con brujas y flores en el
lago del parque rodó.
No sé si fue ese día o tuvimos otro
desacuerdo. El viejo creció en un contexto muy bravo, yo no lo
juzgo, pero a veces preciso tratar de entender, de encontrar una
interpretación que me concilie con el desconcierto que me produce el
recuerdo ajeno. Algún flash tengo, después que mi hermano me habló
del tema, me doy una idea de cómo llegamos a semejante disparate: le
dije hijo de puta.
Según recuerda este niño de 4 años,
que hoy se convirtió en un adulto al que sigo admirando y quiero con
todo mi ser, me ató con cinturones a la cama y me curtió a palo. No
tengo idea si a cinto o a manopla, ni me interesa indagar. Éste es
uno de los primeros episodios de violencia que me constan. Pero los
médicos afirman, todavía, que tengo un probléma genético que me
provoca delirios. En cualquier caso, no me corresponde una pensión
sres? Porque la licenciada se está deslomando trabajando con su
cuerpo, dado que su mente no funciona bien, y tiene una mano muy
afectada. Ay de mí, sres, Ay de mí! Hace muchos años, andaba con
mucho dolor ahí, bajo el omóplato, dónde me encontré esa
contractura subnormal, que a pesar del tremendo dolor pude ir
masajeando hasta recuperar parcialmente el movimiento en el dedo. Val
es médica china, entre otras cuestiones, y en aquel momento estaba
muy metida en el asunto. Me hizo acupuntura. Me abrazó y me contuvo.
Me explicó que ese punto se llama así. Ay de mí.
Ay de los infelices que no entienden
que tienen la felicidad adentro. Ay de los que se les contractura la
cara por el enojo. Bienaventurados los que sin importar el contexto,
dejan su rostro relajarse y adoptar su postura natural: la sonrisa.
